Si pides cinco cotizaciones vas a recibir cinco números muy distintos. No es que unos te estén estafando y otros no: es que "una página web" describe cosas que no se parecen entre sí.
Vamos a lo que explica la diferencia.
Lo que realmente estás comparando
Cuántas secciones tiene
Una landing de una sola página no es lo mismo que un sitio con inicio, servicios detallados, nosotros, blog y contacto. Cada sección es contenido que hay que estructurar, diseñar y escribir.
Si el diseño es propio o una plantilla
Una plantilla comprada y adaptada es legítima y a veces la decisión correcta, sobre todo con presupuesto ajustado. Un diseño propio cuesta más porque es trabajo desde cero, y se nota en que tu sitio no se parece a otros veinte.
Lo que sí conviene saber es cuál de las dos estás comprando. Si la cotización no lo dice, pregunta.
Quién escribe el contenido
Aquí se esconde buena parte de la diferencia entre presupuestos. Si tú entregas los textos y las fotos, el proyecto es más barato. Si hay que crearlos, es otro trabajo.
Y es el punto donde más proyectos se atrasan: no por el desarrollo, sino esperando contenidos.
Si lleva catálogo o tienda
Un catálogo con fichas de producto, categorías y búsqueda es bastante más trabajo que un sitio informativo. Una tienda con pagos y envíos, más todavía. Lo tratamos aparte en Página informativa, catálogo o tienda online: cómo elegir.
Si hay que migrar algo
Si ya tienes sitio y quieres conservar el posicionamiento, hay un trabajo de redirecciones y de revisión de URLs que no se ve pero que evita perder de golpe lo que Google ya sabía de ti.
Lo que no debería ser opcional
Independientemente del presupuesto, hay cosas que un sitio profesional tiene que traer. Si una cotización no las incluye, no es más barata: es incompleta.
- Que funcione bien en celular. La mayoría de tus visitas llegan de ahí.
- Que cargue rápido. Un sitio lento pierde visitas antes de mostrar nada.
- Certificado SSL. Sin él, el navegador advierte que tu sitio no es seguro.
- Títulos y descripciones propios en cada página. Es la base para que Google lo entienda.
- Que puedas editar lo que cambia seguido. Y capacitación para hacerlo.
- Formulario de contacto que funcione. Suena obvio; no siempre se prueba.
Los costos recurrentes
El desarrollo se paga una vez. Estos, no:
Dominio. Anual. Es tu dirección en internet y conviene que esté a nombre de tu empresa, no del proveedor.
Hosting. Mensual o anual, según el plan.
Correos corporativos. Suelen ir aparte del hosting.
Mantenimiento. Opcional, pero un sitio abandonado dos años se nota.
Pregunta siempre qué pasa con estos costos al año siguiente. Es información que debería estar en la cotización desde el principio.
Dos señales de alarma
Un precio sin alcance escrito. Un número suelto no es una cotización. Sin saber qué incluye, no puedes compararlo con nada.
El dominio a nombre del proveedor. Ocurre más de lo que parece, y significa que si algún día cambias de proveedor, tu dirección en internet no viaja contigo. El dominio debe estar registrado a nombre de tu empresa. Siempre.
Cómo reducir el costo sin arrepentirte
Empieza por menos secciones. Un sitio de cuatro páginas bien hechas comunica más que uno de doce a medio llenar. Se puede crecer después.
Ten el contenido listo antes de arrancar. Ahorra dinero y, sobre todo, semanas.
Deja el blog para después. Pero pide que el sitio quede preparado para añadirlo, así no hay que rehacer nada.
Lo que no recomendamos recortar es la adaptación a móvil ni la estructura para SEO. Añadirlas después cuesta más que hacerlas bien de entrada.
